Gobierno dominicano: se trata de vivir el Evangelio

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Prédica del Retiro a las Delegadas Capitulares Dominicas de San José

Escrito por fray Miguel Ángel Ríos OP

EL ARTE DE GOBERNAR UNA CONGREGACIÓN DOMINICA

Si hablamos del arte de gobernar en clave dominicana, Santo Domingo, fue verdaderamente un artista, en el sentido de armonizar todo un estilo de vida al servicio de la misión de la predicación del evangelio. El arte está en que no fue un estilo de vida individual, sino comunitario. Un estilo de vida siguiendo el ejemplo del estilo de vida de Jesús junto a sus discípulos. Para Domingo, se trata de gobernar, siguiendo el estilo de Jesús y se trata de ser comunidad, siguiendo el ejemplo de los discípulos de Jesús y el de la primera comunidad, descrita en los hechos de los apóstoles.

Por eso Sto. Domingo, no concibió una persona que gobernara desde una superioridad jerárquica de poder, sino desde el servicio. Por eso al hermano que sirve en el rol de gobierno de un convento le llamó prior -el primero entre los iguales- para reforzar la idea de un hermano igual a los demás hermanos de la comunidad, desempeñando el servicio de gobernar, acompañar  y animar a la comunidad.

Más tarde por cuestión de distinción entre los conventos y las casas, que son más pequeñas en cantidad de hermanos, se llamó al que gobierna una casa “superior”, para distinguirlo del que gobierna un convento que es el “prior”. Dicho de otro modo, un Superior de una casa, también es un “Primero entre los iguales”. Y en este espíritu del gobierno como servicio a la vida comunitaria y a la misión de la congregación, creo que ha de entenderse el servicio de una Superiora General: “La primera hermana, entre las iguales”, este es el sentido de nuestro prior general, a quien se le llamó desde la época de Sto. Domingo “Maestro”, por ser Domingo alguien que gobernaba con autoridad, es decir apoyando la misión y la vida de la comunidad, de tal modo que su servicio enseñaba y hacía crecer a sus hermanos, valorándolos, estimulándolos, exhortándolos a la misión de la predicación y su presencia, su palabra y su talante tenían este rasgo, incluso cuando en alguna ocasión tuvo que reprender y corregir a algún hermano; una corrección con amor fraterno que producía en el fraile corregido, no enojo ni humillación, sino arrepentimiento y deseo de corregirse de tal modo que después de ser corregidos por Domingo, quienes vivieron esta experiencia, atestiguan que volvía a ellos la paz interior y la alegría. Por eso los hermanos llamaron a Domingo Maestro. Este talante, este arte de gobernar, es el que podemos y debemos pedirle a Dios por la intercesión de nuestro padre para nuestros hermanos y hermanas en el momento en que discernimos a quien elegir y en el momento en que los elegimos. Pero no se trata de que tengan que parecerse a Santo Domingo. Se trata de que aquella a quien elijamos, predique el evangelio, no solo con palabras, sino con su ejemplo de vida. Así como de Domingo se decía que era un hombre evangélico, que podamos decir de nuestra superiora, “Mujer evangélica”.

Porque si Domingo es santo, es porque vivió la Palabra de Dios hasta identificarse con la vida y la misión de Jesús el Mesías. Si miramos en paralelo la vida de Jesús y la de Domingo, veremos que Domingo, hizo el mismo itinerario que Jesús de Nazaret. Y tal como Jesús, su forma de gobernar fue dar su vida por amor al servicio de la Buena Noticia del Reino de Dios. El arte de gobernar de Domingo, como Jesucristo, fue dar su vida y servir como uno de tantos por amor. Por eso no solo desempeñó labores funcionales, sino que estuvo presencialmente compartiendo la vida con sus discípulos, en diálogo, conversación y comunicación con ellos respecto a todo lo que le dio a conocer su Padre, y por eso llamó  a sus discípulos no servidores en el sentido de sirvientes o empleados, sino amigos. Y siendo amigos les enseñó con su propio ejemplo que no hay amor más grande que dar la vida por los amigos.

Cuando uno gobierna, decía el artículo de la hna. Giuseppina*, no se puede sustraer a la tarea de marcar el camino, pero hay que hacerlo en comunión con las hermanas. Así lo  hizo Domingo, siguiendo el ejemplo de Jesús. Así tenemos que hacerlo las hermanas y los hermanos, cuando somos llamados a este servicio.

Itinerante

El itinerario de Jesús en su misión de salvación, es también el itinerario de su liderazgo, el itinerario de su “gobierno” por así decir.

Jesús itineró, también Domingo. Una superiora de saber ser itinerante, físicamente, desplazándose por las comunidades, para ser una superiora presente. Pero también hay que saber itinerar, situacionalmente, desde la oscuridad a la luz, desde las esclavitudes a la libertad, desde la situaciones que han estancado a la congregación, a las situaciones que hacen que la comunidad se ponga en marcha para reanudar su misión de evangelización. También hay que saber itinerar, en el sentido de no aferrarse al cargo. No es bueno que una hermana, aunque tenga cualidades y lo haga bien, esté mucho tiempo en cargos de gobierno, porque el poder corrompe y el paso del tiempo y el cansancio y el acostumbramiento, dejan al descubierto vulnerabilidades y falencias de la persona. Esto necesariamente repercute en la comunidad, que se acostumbra a una persona y se infantiliza poniéndose irresponsable para asumir la tarea de cambiar de superiora. La comunidad pierde seriedad y se acomoda, con tal que a sus integrantes no les toquen sus intereses personales. Actitudes como estas terminan por destruir la comunidad y a las personas que las gobiernan.

Optó por los pobres y pecadores

Jesús, sabemos, declaró que vino a los pecadores, porque no son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. Ayudó a los pobres, los declaró bienaventurados. Así también Domingo, que vivió pobremente, que quiso predicar el Evangelio libre del apego a toda forma de poder y riqueza material, llevando un estilo de vida mendicante. Ese fue el ejemplo visible de vida que le dio credibilidad a su predicación. Hoy, la pobreza evangélica sigue siendo un signo que da coherencia a nuestra predicación y en una Superiora, sobre todo General, siempre va a brillar un testimonio evangélico, si esa hermana o hermano, desempeñan ese servicio llevando un estilo de vida sencillo y austero.

Predicó el Reino

Éste es el para qué de la vida de Jesús. Para esto itineró, para esto vivió con los pobres y se acercó a ellos, para esto formó una comunidad, para predicar el Reino, oró constantemente. Lo mismo Domingo de Guzmán. Y lo mismo para nosotros hoy. Ser superiora de una congregación dominica, es ser Superiora General de una comunidad de predicación de la buena noticia de Jesúcristo. Una Superiora General, tiene que gobernar en cuanto a que la coordinación, planificación, administración, economía  y estructuras de la congregación, se revitalicen para estar siempre al servicio de la predicación.

Formó una comunidad

Los llamó, para que estuvieran con él, y para enviarlos a predicar (Mc.3,13-14). Lo mismo hizo Santo Domingo. Lo mismo vale para una Superiora  General. Si tiene que desplazarse por ciudades, países, lugares etc., es para formar y animar a sus comunidades. Para evaluar las presencias, y ver donde hay que abrir nuevas presencias y donde hay que cerrar casas, porque ya la misión se llevó a cabo. Aunque hayan lugares en donde hay una hermana sola trabajando muy bien, si no hay comunidad, esa misión podrá ser muy gratificante para quien esté allí, pero no responde del todo a nuestro carisma como vida religiosa dominica. Jesús a nuestra vida dominicana, la necesita en comunidad, para vivir solas o solos, hay otros carismas.

Vida de oración

Al igual que Cristo y Santo Domingo, una Superiora debe ser una persona de oración, porque no se puede conocer a alguien si no se dialoga con esa persona. Y es necesario conocer a Dios, si nuestra misión es darlo a conocer a los demás. ¿Cómo vamos a hablar de alguien a quien no conocemos?. ¿Cómo voy a hablar de Dios, si no hablo con Dios?. Cómo voy a discernir la voluntad de Dios y las decisiones de gobierno, si no hablo con Él?

El itinerario caminado por Jesús y Santo Domingo, es también el itinerario a seguir para ustedes en  respuesta a la vocación de la predicación de la Palabra de Dios. Por eso este itinerario es un buen referente para discernir los rasgos de fidelidad a la vocación de predicadora del Evangelio, de la hermana que se necesita como Superiora General de la Congregación.

Ilustraciones de Fray Félix Hernández OP

* Texto citado: El arte de gobernar una familia religiosa, de Hna. Giuseppina Alberghina

Nota de HH. Dominicas: El texto nos compromete a descubrir el estilo de Fray Reginaldo Toro, fundador de las Hnas. Dominicas De San José

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