Lo importante está en la respuesta

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Testimonio de la Hermana Soledad de Jesús OP. en el Aniversario de los 120 años del Hogar Del Milagro (ciudad de Córdoba, Argentina, año 2017).

La vida en un Hogar de las Hermanas Dominicas de San José, es un misterio y un gran MILAGRO… Es vivir diariamente el delicado equilibrio entre una vida de familia “normal”, con todas las heridas propias de criaturas que han sufrido el abandono o la contingencia de no poder vivir con sus padres por diversas razones.

En medio de este misterio se desenvuelve el MILAGRO de una vida colmada de aprendizajes que nos marcan a todas: ciertamente a las niñas y jóvenes, pero radicalmente también a las Hermanas que las acompañamos en el día a día.

Aprendemos a orar…

Estar en presencia de Dios en medio de la rutina del día es parte de la ORACIÓN. Cuando rezamos hablamos con un AMIGO y le contamos lo que nos ocurre… y aunque Dios ya lo conoce todo, se lo decimos igual…

Como somos niñas, no tenemos que decirle qué y cómo debe hacer con lo que nos pasa, Él lo sabe todo… solo le contamos lo que nos preocupa y lo ponemos en sus manos… porque lo importante, aunque sea algo de vida o muerte, no es resolverlo “a nuestro modo”, sino poder vivirlo bien.

Aprendemos a vivir con gozo…

La ALEGRÍA es clave para la vida y es propio de los niños sonreír. Da calidez a los buenos tiempos y sobre todo nos ayuda a reírnos un poco de nosotras mismas justamente en aquello que es nuestra debilidad. ¡Dios es un eterno y puro gozo, y le da sentido a todo!

Aprendemos a perdonar…

A pesar de los dolores de la historia, nos damos cuenta de que nos “conviene” perdonar, ¡en el mejor sentido del término!. Cuando perdonamos nos LIBERAMOS de que la otra persona decida CÓMO DEBO SENTIR Y ACTUAR. Cuando perdonamos le damos al otro la posibilidad que nos da Dios a nosotros de volver a empezar. Cuando perdonamos, a pesar de todo lo vivido, encontramos la verdadera PAZ del corazón.

Aprendemos a confiar en la Providencia…

La PROVIDENCIA se manifiesta cada día, en lo material, pero especialmente en lo espiritual. ¡Felices los que la descubren en lo pequeño!, porque ya sea que lo que vivamos sea “malo o bueno” a nuestros ojos… lo extraordinario es que justamente allí Dios obra.

Aprendemos a descubrir la presencia de Jesús…

Si hay misterios en esta vida del Hogar, el más radical es la EUCARISTÍA. Es una paradoja infinita y para comprenderla, aunque tan solo sea un poco, hay que alternar la visión entre el anonadamiento de un Dios Todopoderoso, Trascedente y Santo que se queda en lo más simple, con la renovada invitación a descubrir como “natural” este AMOR PERSONAL por mí, por cada una de nosotras. Un AMOR tan loco como cercano, que lo hace TODO para llevarme a la VERDADERA FELICIDAD.

Aprendemos a volver a empezar…

El SUFRIMIENTO y la CRUZ están muy presentes en nuestras historias y renegamos de ellos muchas veces… pero hoy también, no seríamos lo que somos sin ellos. Pero lo importante en la vida no es sufrir, ni tampoco dejar de hacerlo “pasándola bien”… Encontrar y vivir el verdadero sentido de la vida, es algo de lo más frágil y tiene su punto clave en CÓMO ELABORAMOS LO QUE VIVIMOS… de este delicado aprendizaje resultará cierta madurez o la eterna bronca contra nosotras mismas, los demás, la vida y en última instancia contra Dios.

Lo importante es la respuesta 

La vida tiene sus muchos altibajos, pero lo importante no es “qué nos dio” la vida, si no “cómo le respondemos” con “las cartas” que se nos dieron. Lo verdaderamente importante es nuestra respuesta.

Que tantas vivencias compartidas dan fruto es una realidad. En este aniversario de los 120 años del HOGAR, el reencontramos y valorar todo lo vivido, es realmente una abundante cosecha que nos señala que el rumbo está marcado por Dios y que el surco, espera nuestra pequeña ofrenda para que se obre una vez más el GRAN MILAGRO. María, Reina y Madre nuestra, vela cada día porque así sea.

Gracias infinitas a Dios, y gracias a ustedes: niñas, voluntarios y amigos, por ser parte de esta gran familia, tengan misericordia y paz!