Cómo cerrar el año con alegría, paciencia y buen humor

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Por Lic. Fabiola Bastos

Ya estamos transitando Noviembre, que aunque no es el último mes del año, es un tiempo de definiciones y cierre de ciclos especialmente en lo que se refiere a la educación.

El cansancio ya se siente, y chicos y grandes comienzan a anhelar un merecido descanso después de tantos meses de labor. Los adultos además, agobiados por un año que no fue fácil en términos económicos y sociales donde las famosas “grietas” se sintieron en algunos casos hasta en las familias.

Nuestros niños y adolescentes, por su parte, transitando los últimos pasos de un año lectivo, acercándose a la satisfacción de las metas cumplidas; o tal vez empezando a tomar conciencia de no haber podido responder a sus propias expectativas o a las de sus padres en términos de rendimiento escolar y social.

A todo esto, se suma la tensión por el cierre de otros ciclos también vinculados a la educación: actividades deportivas, artísticas, idiomas, etc. Aunque en la mayoría de los casos esto implique celebrar logros y metas cumplidas, siempre requieren de los chicos (y a veces de toda la familia) un esfuerzo extra.

Todos los años, los cristianos comenzamos  noviembre celebrando la esperanza y la alegría de la santidad. Resulta muy oportuno tener presente esta fiesta durante este mes para transcurrirlo con “aguante, paciencia y mansedumbre”, como sugiere el Papa Francisco en su exhortación Gaudete et Exsultate sobre el llamado a la santidad en el mundo actual.

Contención en la tensión

En lo que hace a la convivencia familiar en estos días, es necesario y conveniente que los adultos pongamos en práctica estos consejos, mostrando una “solidez interior”que contribuya a dar contención y tranquilidad a los más chicos frente a la ansiedad de lo cotidiano que en esta época del año se acrecienta.

Para esto, se requiere estar atentos a nuestras propias actitudes egocéntricas para poder moderarlas y permanecer junto a los demás, particularmente los más chicos, en armonía y paz.

“El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado…”[1]Toda una invitación y un programa de vida.

Nuestros niños y adolescentes merecen nuestra alegría y esperanza. Y de esa manera, también nos vamos preparando para introducirnos en el  tiempo de Adviento que dispone nuestros corazones para la Navidad.

Pero de eso hablaremos en el próximo post.

[1] Exhortación Apostólica Gaudete et Exsultate del Papa Francisco sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. (122)

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