Discurso del padre Reginaldo Toro cuando muere la hermana Imelda

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«Ha trabajado mucho, había ya casi buscado su felicidad en bien de la humanidad, se había dedicado a la caridad. Mis buenas hermanas no olvidéis. Pobre Imelda! te apartaste del mundo, de los tuyos, de tus hermanas religiosas, de todo para ir a buscar la salud y Dios te salió al encuentro, repitiéndote las conocidas palabras – Ven amada mía, que no se marchiten las flores que recogisteis con tanto afán y sacrificio! Ven creatura de caridad! que vuestro espíritu conquistó almas para la Iglesia Santa!.

El instituto se fundó con el doble fin, servir a Dios, suavizando las dolencias de la humanidad y trayendo almas a la grey del Señor por innumerables medios, y entre el Corazón de Jesús, y las reglas del gran Padre Domingo, apóstol del Rosario, y la advocación de San José, no se dejó mucho tiempo esperar, sin que se vieran los resultados más satisfactorios.

El año 86 en noviembre fueron las directoras del Lazareto de San Vicente, donde cuidaban del cuerpo con los remedios que aplicaban según la disposición médica; y no se descuidaban de la enfermedad espiritual haciendo confesar con los Rvdos. Padres Dominicos a los enfermos, y casi puede decirse que las hermanas empezaban su apostolado o misión espiritual y material – qué otra cosa podía salir del Corazón de Jesús? del corazón de Domingo mi Padre?, del Rosario de María, y de la protección del Padre de la humanidad doliente San José?».