Reginaldo un aventurero sin fronteras

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El Padre Reginaldo sabía detectar las necesidades de sus hermanos, y lo más importante, no se detenía ni esperaba que alguien las resolviera, tomaba él mismo la iniciativa y ponía manos a la obra. Su amor hacia los demás era para él una prioridad absoluta, su amor era un amor verdaderamente urgente y dinámico, no podía expresarse sino en acciones.

Por eso es un aventurero. Se animó a hacer cosas como casas para albergar a las niñas abandonadas, colegios para quienes no podían pagar o asociaciones en lugares y momentos en los que aún no se usaban… como la sociedad de obreros para que luchen por un trabajo digno.

La seriedad y responsabilidad con que asumía las tareas que Dios y la Iglesia le encomendaban, eran testimonio de esto. También es llamativa su capacidad de ser el primero en llevar adelante ciertos proyectos de abrir puertas y comenzar caminos que otros pueden seguir y que, al final, redundan en beneficios de todos.