El estilo de Dios es cercanía, compasión y ternura

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RASGOS DE LOS SACERDOTES

El Papa Francisco días atrás*, expresó:

Los problemas actuales exigen de nosotros, sacerdotes, que nos configuremos con el Señor y la mirada de amor con la que Él nos contempla. Al conformar nuestra mirada con la suya, nuestra mirada se transforma en una mirada de ternura, de reconciliación y de fraternidad. Solamente contemplando al Señor podemos tener esto

Nuevas miradas

Mirada de ternura: mirar las distintas problemáticas con la misma ternura de Dios para vivir al estilo de Dios que es de cercanía, compasión y ternura.

Mirada de reconciliación: ser capaces de tejer los distintos hilos que se han debilitado o cortado en el tejido social y religioso de las distintas culturas. Ayudar a recomponer relaciones respetuosas y constructivas entre personas, grupos humanos y culturas.

Mirada de fraternidad: ser capaces de tener una visión de conjunto y unidad, que nos impulse a crear fraternidad tanto en el tejido social como en la realidad globalizada.

Para que cada sacerdote pueda apropiarse de estos rasgos, el santo Padre afirma que es indispensable armonizar en la formación permanente las dimensiones académica, espiritual, humana y pastoral. Es necesario también cuidarse de la mundanidad, tomar conciencia de  nuestras deficiencias personales y comunitarias, de las negligencias y faltas que tenemos que corregir en nuestra vida personal, comunitaria y eclesial.

Reginaldo fiel al estilo de Dios

En Reginaldo descubrimos estos aspectos, ya que vivió su sacerdocio con estas miradas. Contempla y enseña a contemplar e imitar la ternura de Jesús: “imiten a Jesús que amó con ternura sobre todo a los pobres, ignorantes y lisiados” (RMN). No hay dudas que su mirada y corazón de pastor ha reflejado la ternura del mismo Dios. Su estilo era cercano, sintió compasión de la humanidad doliente, por eso funda la congregación para que abrace esos dolores.

Como obispo le preocupaba hondamente restablecer las relaciones de la Santa Sede con el gobierno argentino que en su época estaban heridas, por eso fue el primer pedido como Obispo que hizo al Papa en su visita ad límina, y lo consiguió. Seguramente este mismo interés tenía en los asuntos pequeños de su comunidad y diócesis. Podemos decir que su espíritu reconciliador lo movía a querer unir a su Pueblo.

Fiel fraile dominico, invitaba a buscar la fraternidad, la unión, la paz. Siendo prior de la orden en la provincia de San Agustín,  se ocupó delicadamente de formar a los jóvenes frailes. Era muy exigente en este aspecto, puede verse en las distintas circulares enviadas a las comunidades religiosas.

A sus hermanas religiosas, las animaba a ser conscientes de su pequeñez y fragilidad, a tener presente sus pecados para crecer así en la humildad. Reiteraba en sus cartas y prédicas, la necesidad de huir del mundo, de la mundanidad, de los caprichos y esclavitudes, para poder escuchar, seguir la voz de Dios, y vivir en libertad

La vida de fray Reginaldo Toro, tiene mucho que enseñarnos aún hoy, no sólo a los sacerdotes sino a cada uno que quiere ser fiel a su vocación. Cada uno está llamado a vivir el mismo estilo de Dios, y a mirar como Jesús nos enseña, con una mirada de ternura, de reconciliación y de fraternidad.

*Discurso a la Comunidad del Pontificio Colegio Mexicano, 29 de marzo de 2.021

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