«Encanecidos en la sublime tarea de la enseñanza», reciben un nuevo llamado

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Este año se celebrará por primera vez la Jornada de los abuelos y adultos mayores. En el mensaje que el Papa ofrece, encontramos mucha ternura, haciendo palpable el amor de Dios que «conoce los sufrimientos de este tiempo» y nos dice: “Yo estoy contigo todos los días” (cf. Mt 28,20)». También recuerda con confianza que el Señor es eterno, que está cerca de los ancianos y para esta etapa, tiene nuevas invitaciones que hacer, ya que Él «no se jubila nunca».

«No importa la edad que tengas, si sigues trabajando o no, si estás solo o tienes una familia, si te convertiste en abuela o abuelo de joven o de mayor, si sigues siendo independiente o necesitas ayuda, porque no hay edad en la que puedas retirarte de la tarea de anunciar el Evangelio, de la tarea de transmitir las tradiciones a los nietos. Es necesario ponerse en marcha y, sobre todo, salir de uno mismo para emprender algo nuevo«.

Estas palabras del Papa Francisco, nos recuerdan a personas que siendo mayores, al descubrir los nuevos llamados de Dios, entregaron su vida por los demás hasta el momento de su partida a la Patria celestial.

Recordamos a Jorge Poulson, «mi viejito» como decía el padre Reginaldo con cariño. En su tesis madre Anastacia destaca:

«Leemos en varias de sus cartas a él dirigidas: “Mi querido viejito: ya estoy en el Palacio desde donde le hice un telegrama, y en este momento me pongo a escribirle para saludarlo … mi querido viejito una bendición y abrazo de su hijo (Archivo Casa Madre de la Congregación. Carta al Sr. Poulson. Córdoba, 4 de marzo de 1894). Mi querido viejito: hoy acabando la misa a las doce del mediodía … Espero, mi viejito que hará presente mis aflicciones a las hermanas a quienes bendecirá de mi parte y Ud. como siempre a su hijo que lo bendice” (Carta a Poulson. Bell Ville, 8 de diciembre de 1893). 

Poulson era su confidente, su padre: Mi viejito tata: yo sigo regular con un dolor de cabeza que a veces no puedo más … que el Señor cuide a Ud. … su hijo lo bendice” (Carta a Poulson. 13 de diciembre de 1892). 

El aprecio y la cercanía que tenía Reginaldo no se relacionaban sólo con la vida personal del fundador, sino con la Congregación, ello se percibe en las cartas que el padre Reginaldo le enviaba, en las que le confiaba algunos temas, le recomendaba y le daba algunos recados para las hermanas: “y avisarle que todo se hizo con la mayor regularidad y prudencia en Santa Rosa funcionando desde ya el Colegio con un número bastante crecido … la Hermana Imelda y la Hermana Josefa han quedado en Santa Rosa hasta que arreglen bien las clases” (Carta del 4 de marzo de 1894). “Diga a la Madre Carmen que mande todos los días a la casa donde está enferma la madre de la hermana Dominga, porque es necesario atender mejor a las madres de las hermanas” (Carta del 13 de octubre de 1892). “Saludo a los Padres … Huérfanas, Catalinas, Teresa, a las de casa que sean muy humildes muy obedientes, muy discretas y que se acabe el amor propio” (Carta. Salta, 13 de septiembre de 1892). «

Don Jorge Poulson meses antes de jubilarse como docente, va a la ciudad de Córdoba, invitado por los frailes dominicos, y allí recibe el nuevo llamado de Dios, abrazar con la nueva fundación, a la humanidad doliente, a vivir la caridad y el sacrificio. Su vocación fue como la de San José, la paternidad, adoptando como hijos a fray Reginaldo, a las hermanas, a las niñas y jóvenes. Junto con su esposa Estaurofila Ladrón de Guevara, se comprometieron totalmente con la obra de misericordia que estaba naciendo en la ciudad de Córdoba, en 1886.

«Ellos dieron la pauta, eran los veteranos maestros de las nuevas maestras, encanecidos en la sublime tarea de la enseñanza, autores de libros, conocían los secretos de las almas jóvenes y sabían dar sabiamente la doctrina». (Libro del cincuentenario)

El Papa Francisco dice hoy a los adultos mayores:

«¿cuál es nuestra vocación hoy, a nuestra edad? Custodiar las raíces, transmitir la fe a los jóvenes y cuidar de los pequeños. No lo olviden.»

Jorge y su esposa dedicados a la labor de la Congregación naciente, respondiendo a esta nueva vocación,lo han entregado todo. Fray Reginaldo los recuerda con gratitud con estas palabras:

«Benefactores particulares nos han favorecido largamente y no podemos pasar en silencio la valiosa y desinteresada donación que acaban de hacer los señores don Jorge Poulson y su esposa la señora doña Estaurofila Ladrón de Guevara de Poulson, de la manzana de terreno en que hoy comenzamos por colocar la piedra fundamental del Colegio. Dios bendecirá estos generosos cristianos y la gratitud de todas las Hermanas será para siempre…» (discurso en la colocación de la piedra fundamental del Colegio De San José)

Alentamos a todos, especialmente a nuestros hermanos y hermanas mayores, a seguir descubriendo cada día el llamado nuevo de Dios, la vocación en esta edad. Recordamos las palabras del Papa en el mensaje citado:

«Todos «somos parte activa en la rehabilitación y el auxilio de las sociedades heridas». Entre los diversos pilares que deberán sostener esta nueva construcción hay tres que tú, mejor que otros, puedes ayudar a colocar. Tres pilares: los sueños, la memoria y la oración. La cercanía del Señor dará la fuerza para emprender un nuevo camino incluso a los más frágiles de entre nosotros,por los caminos de los sueños, de la memoria y de la oración«.


Biografía de Jorge Poulson

(Fuente: Libro del Cincuentenario de la Congregación de Hnas. Dominicas)

Jorge Poulson nació en Copenhague (Dinamarca), de familia pudiente; sus padres Dn. Nicolás Poulson y Doña Inés Geórgeton, le dieron una esmerada educación científica, pero creencias protestantes. De extensa ilustración honradez. Así lo conoció la capital de la República, cuando dejando su patria y sin sospecharlo llegó a estas tierras donde encontraría la fe verdadera y fructificaría en la caridad.

Su conversión

Por una circunstancia al parecer fortuita, el bautismo católico de un niño protestante, conoció a la señorita Estaurofila Ladrón de Guevara y se amaron; sólo la fe los separaba. El venerable P. Fr. Olegario Correa que residía en Buenos Aires, se tomó la tarea de ilustrarlo en los misterios del catolicismo. Convertido, fue ejemplo de virtudes aún para los que habían nacido en la fe. Ya nada separaba esas dos almas que en verdad habían sido destinadas para ser inseparables y fecundas en la vida de la caridad. No pudiendo contener la dicha del alma, había encontrado a Dios y tenía una esposa modelo de virtudes, recordó a su buena madre y quiso sacarla de las sombras del error y hacerle gozar de la gracia divina; se fue con su esposa a Europa. Nada pudo conseguir; a todas las razones del hijo la madre decía: “Jorge, tu religión es buena pero la mía también”.

Jefe de la Aduana

De regreso a Buenos Aires fue nombrado jefe de la Aduana. Su esposa abrió un colegio. La vida le era holgada y feliz. En 1886 recibe una carta del padre Correa llamándolo a Córdoba por ser voluntad de Dios. El señor Poulson no vaciló un momento contrariando la voluntad de todos y dejando todo, marchó donde, según el parecer del estimado padre Correa Dios lo llamaba.

En Córdoba

Después de un penoso viaje en galera, llegó a Córdoba; se instalaron en una casa en calle Deán Funes entre Vélez Sárfield y Belgrano. A los pocos días el Sr. Poulson viaja a Roma acompañando al R. P. Correa que habiendo sido electo Obispo de Cuyo iba a pedir a S.S. Pío IX lo exhonerarse de esa dignidad, por conocer que ésta no era la voluntad de Dios.

En el Vaticano

Acompañando el P. Correa van al Vaticano, el Santo Padre contestó: “serás Obispo y mi Vicario en varias Naciones de América”. El P. Correa guardó silencio y al salir, dijo llorando al Sr. Poulson: los hombres quieren, pero Dios no quiere, yo no seré Obispo. Este presentimiento se cumplió; a los pocos días de llegar a Córdoba el P. Correa enfermó y murió.

Actuación en Córdoba

Al regresar de Roma, abrió dos Colegios: uno para niñas en su propio domicilio, dirigido por la Sra. Estaurofila;  y otro para varones en una casa contigua, atendido personalmente por él. Las familias que conseguían asiento para sus hijos en tales colegios se sentían felices, tal era el nombre de dichas instituciones. Fue además profesor en el Colegio Nacional y como tal se jubiló en 1886. Médico homeópata de gran fama, tanto que lo más distinguido de la sociedad recurrían siempre a él.

Su espíritu no estaba satisfecho con las numerosas obras sociales que por caridad las más de las veces ejecutaba. Deseaba darse por entero al servicio del prójimo. En tal disposición de ánimo lo encontró el ideal de fundar una congregación educacionista de Hermanas Dominicas. Como lo deseaba lo hizo. Todo el tesoro de virtudes y bienes materiales fue de la Congregación. Durante veintitrés años enseñó a los aspirantes al hábito de predicadores por eso se le otorgó carta de hermandad de la Primera Orden, haciéndolo partícipe de todas las gracias y sufragios de la Orden.

Poulson entrega la escritura de los terrenos donados a la Congregación

Bendición de S. Santidad

En el año 1892 hizo su último viaje a Roma acompañando al Iltmo. Señor Obispo Toro. El fin era pedir a S. Santidad se dignara decretar la coronación de la Ssma. Virgen del Rosario del Milagro. El Sr. Poulson fue presentado al S. Padre; con anonadamiento sintió que se hablaba de sus virtudes y oblaciones en pro de la Congregación de Dominicas; después la voz del S. Padre que lo animaba y bendecía, ambas manos del Pontífice acariciaban su cabeza paternalmente. Este recuerdo lo conmovía profundamente.

Su muerte

El 15 de enero de 1896, último de su existencia lo encontró en plenas tareas; por la mañana dió clases a las Hermanas Dominicas, por la tarde trató de terminar un libro de Geografía que escribía para el Colegio; a las 17 horas se sintió mal. Por sus propios medios llegó hasta Santo Domingo, donde se confesó y preparó para su última hora; ya muy grave fue llevado al Palacio Episcopal donde falleció a las 20 horas.

El profundo dolor causado en la Congregación por su muerte, sólo encontró mitigación en el acatamiento de la voluntad de Dios y el coro de plegarias que hasta el presente la Congregación elevan a Dios por su insigne benefactor.

MENSAJE DEL SANTO PADRE, PAPA FRANCISCO

1era Jornada de los abuelos y adultos mayores. TEXTO COMPLETO

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