Reginaldo defensor de la VIDA

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Su decisión de fundar una congregación religiosa femenina, en 1886 y de que las hermanas atendieran enfermos y vivieran de la educación, está en perfecta consonancia con la situación del país en aquel momento.

La agitación social, la diferencia de clases, la presencia de numerosos inmigrantes viviendo en malas condiciones de vida, hacían del estado sanitario de la población un verdadero problema de difícil solución y, además, desatendido por las autoridades civiles. Ante todo esto, el Padre Reginaldo no se sentó a quejarse, puso manos a la obra e hizo su aporte. Le pide a las hermanas que eran recién fundadas que la que se anime vaya a cuidar a los enfermos de la epidemia de cólera.

Les dijo: “si tienen miedo no lo hagan, pero la que se sienta preparada vaya al lazareto de San Vicente”. La gente moría de epidemias y él y las hermanas se arriesgan a cuidar la vida de todos, de los gauchos, de las personas de la ciudad, de los grandes y de los niños, de los pobres y de los ricos… de todos.